Enuresis infantil

Enuresis infantil

La enuresis es la emisión involuntaria de orina , sea de día o de noche en momentos y lugares considerados socialmente inadecuados después de una edad en la que el niño debería haber adquirido la conciencia urinaria , normalmente entre 4 y 5 años , y no hay indicios de patología orgánica identificable ( alteraciones urológicas o neurológicas ) .
Según el momento de aparición podemos diferenciar :

  •  Enuresis primaria , cuando nunca ha habido un periodo continuado de noches secas .
  • Enuresis secundaria , cuando ha habido un periodo previo de continencia urinaria nocturna ( de mínimo 6 meses ) .

índiceSegún si hay o no otros síntomas , podemos clasificar la enuresis en monosintomática , cuando hay ausencia de otros síntomas o polisimptomàtica , o síndrome enurético cuando por ejemplo hay síntomas miccionales diurnos , estreñimiento crónico o encopresis .

Etiológicamente la enuresis puede explicarse por :

  •  Un retraso en la maduración
  • Factores genéticos : por ejemplo encontramos un aumento de la frecuencia del 50 % si un progenitor fue enurético y del 75% si lo fueron los dos . Además , la historia familiar predice la edad en que el niño tendrá control vesical.
  • Una inestabilidad vesical : puede haber una tendencia del músculo a contraerse de forma brusca e involuntaria cuando la vejiga no está llena, puede ser que la capacidad vesical esté disminuida para almacenar orina durante la noche , o que haya una inhibición inadecuada del reflejo miccional.
  •  Un entrenamiento inadecuado del uso del lavabo por haber utilizado demasiado pronto o demasiado tarde el control del pipí .
  • Presencia desueño profundo que impide recibir el aviso de ” vejiga vacía” cuando se está durmiendo .
  • Circunstancias emocionalmente críticas para el niño ( nacimiento de un nuevo hermanito , cambio de escuela o de domicilio ..) .

El tratamiento de la enuresis se puede abordar a través de:

  •  Medidas conductuales simples:Explicar al niño y a la familia el funcionamiento del riñón , de la vejiga y los mecanismos de que se produce la enuresis , insistir en que no se regañe al niño y reforzar la idea que es un retraso madurativo y que se solucionará . Habrá que establecer un ritmo y horario miccional durante el día y rutinas de noche , hacer un calendario para anotar noches secas y noches húmedas. Siempre reforzando los éxitos.
  • Haciendo uso de alarmas ( pipí -stop ) : Se utilizan alarmas que funcionan como detectores de humedad que están en contacto con el niño , emiten una fuerte señal acústica y tienen como objetivo despertar al niño en el momento de la fuga de orina y que aprenda a reconocer cuando debe levantarse para ir al baño .
  •  Entrenamiento en lecho seco : donde se despierta al niño de manera sistemática para ir al baño, donde practica ejercicios de retención voluntaria. La hora de despertar al niño, cada día que pase, se irá espaciando .
  • Tratamiento farmacológico ( desmopresina , anticolinérgicos.. ) .

Elegir el tratamiento dependerá de la evaluación e historia clínica que el profesional recoja , ya que además , la enuresis puede estar asociada a otras patologías o dificultades ( TDAH , trastornos del sueño , ansiedad , baja autoestima , desajuste social … ) .

El tratamiento deberá adaptarse a las circunstancias y a la situación del niño y de la familia en el momento de iniciarlo. Aunque la enuresis tiende a remitir con el paso del tiempo , tanto la primaria como la secundaria , no se debe ignorar . Es un trastorno que puede estar causando graves dificultades en el bienestar y el desarrollo emocional y social del niño .

Elisabet Portavella Jovés

Psicóloga Infanto-Juvenil Col.19608

Mi hijo no habla, ¿es tímido o presenta mutismo selectivo?

¿Habéis oído hablar alguna vez del mutismo selectivo?  Posiblemente no,  ya que existe un porcentaje bajo de niños que actualmente lo presenten. En varias ocasiones,  nosotros , como padres observamos a nuestro hijo en todo momento y puede que veamos que no es hablador y que tiene dificultad para relacionarse con los demás,  ciertas actitudes que solemos relacionarlas con ser sencillamente una persona introvertida. Aunque a veces, debemos de consultar a ciertos profesionales, porque puede que este problema  vaya más allá y estemos delante de un caso de mutismo selectivo.

Este problema suele detectarse  generalmente en el colegio,  entre los tres y los ocho años, cuando los profesores detectan que nuestro hijo presenta una relación peculiar con su entorno porque no se comunica. Si presenta un mutismo selectivo, el niño, probablemente, estará sufriendo un temor asociado a diversas situaciones sociales, una especie de fobia social, que puede durar desde unas semanas a algunos años, de la cual no se conoce la causa, pero puede tener algo que ver con un componente hereditario, y que dicho problema podrá repercutir negativamente en su desarrollo psicológico, social, educativo o emocional.

Los niños que presentan este mutismo, suelen ser sensibles, cariñosos, muy inteligentes o perfeccionistas, y en muchas ocasionas suelen hablar bastante con sus seres más cercanos, sobre todo con nosotros, los padres. Por tanto, aquí vemos algo desconcertante en su comunicación; por un lado, son personas muy habladoras en entornos familiares pero cuando se encuentran en entornos diferentes a éste, rechazan el hecho de comunicarse y se aislan de la sociedad. Éste aspecto es la característica más relevante en el mutismo selectivo.

Así pues, como padres ¿que debemos hacer cuando cierto mutismo persite o empieza a estar presente en el habla de nuestro hijo? En un primer  momento deberemos hablar con varios especialistas  como sus profesores, un psicólogo y un logopeda. Una buena coordinación entre ellos, y un eficaz tratamiento con estos especialistas ayudará a que este mutismo acabe desapareciendo.

Aunque también nosotros, los padres,  deberemos seguir ciertas  consideraciones, con el fin de  ayudar a nuestro hijo a superar este problema. Las más importantes son las siguientes:

Debemos otorgarle la oportunidad de conocer el espacio, explorarlo y buscar intereses dentro de éste, siempre sin  dejar de observarlo en todo momento sutilmente.

  • Nuestro hijo no debe notar que le damos un trato especial y mucho menos manifesatrle molestia hacia su timidez.
  • Debemos adoptar una actitud serena y relajante.
  • Debemos eliminar las presiones y expectativas para que nuestro hijo hable
  • Tenemos que darle seguridad y ser comprensivos con sus dificultades
  • No debemos sobreprotegerle
  • Debemos comunicarle que puede decidir hablar o no cuando quiera, así nuestro hijo tendrá el control y la libertad de comunicarse sin sentirse presionado

Hay que fomentar situaciones de comunicacion relajada, donde el objetivo sea el placer de estar juntos compartiendo una actividad didáctica y lúdica.
Laia Escobar

Logopeda Infantil y Neurologopeda CLC, núm. 083636

Consecuencias del Síndrome de Alienación Parental en menores

Aunque existen aún pocos estudios acerca de las consecuencias que un SAP va a tener a corto y largo plazo en los/las menores, sí se ha podido observar, en lugares como el Punto de Encuentro Familiar, ante la simple presencia física del progenitor rechazado, reacciones de ansiedad, crisis de angustia y miedo a la separación; el progenitor aceptado informa además de alteraciones a nivel fisiológico en los patrones de alimentación y sueño, conductas regresivas, y de control de esfínteres.

Ante la presencia de la sintomatología descrita, indicar que a nivel de relación paterno/materno filial, es aconsejable que los menores continúen teniendo relación con el progenitor alienado, ya que una de las estrategias que va a utilizar el progenitor alienador va a ser que se suspenda el régimen de visitas utilizando tácticas como las descritas anteriormente. Por ello es importante además dar pautas y orientaciones adecuadas al progenitor alienado para que durante los contactos no favorezca con su conducta o verbalizaciones, el mantenimiento del SAP. Dichas orientaciones van encaminadas a no realizar reproches a los menores, ni entrar en sus ataques, teniendo en cuenta que no hablan por ellos mismos, dar respuestas que satisfagan un reproche o necesidad que transmite el/la menor, en los casos en que estemos ante un nivel leve o moderado en el que se realicen visitas, centrar estas en un ambiente lúdico entre ambos, buscar actividades que sean del agrado del menor, y posteriormente tareas más personales, etc.

Los síntomas que se han asociado al SAP son, en suma, los siguientes:

–       Campaña de denigración en la cual el niño está obsesionado con el odio hacia uno de los progenitores: se combinan aquí el “lavado de cerebro” que lleva a cabo el progenitor alienante con la propia contribución del hijo a la denigración del progenitor alienado. No estamos ante el SAP si el hijo no colabora en esta campaña.

–       Racionalización de la conducta de manera débil, absurda o frívola: el SAP sólo puede predicarse de hijos que no han sufrido ningún tipo de abuso, físico, sexual o emocional, ya que de lo contrario podría justificarse la conducta denigrante del menor hacia el progenitor. Al contrario, el SAP se caracteriza por que el menor justifica con argumentos absurdos su odio hacia el progenitor alienado.

–       Falta de ambivalencia: en las relaciones personales siempre existen aspectos positivos y negativos. Los niños que presentan SAP son incapaces de reconocer los aspectos positivos de su relación con el progenitor alienado y sólo se centran en los negativos, y, de manera inversa con el progenitor alienante.

–       El fenómeno del “pensador independiente”: este fenómeno ocurre cuando el niño hace suyos los sentimientos de odio hacia el progenitor alienado cuando en realidad, está imitando los del progenitor alienante.

–       Apoyo automático al progenitor alienante: el niño que presenta SAP apoya de forma automática y sin reflexionar al progenitor alienante en casos de conflicto entre los padres.

–       Falta de remordimientos por la crueldad hacia el progenitor alienado: los niños con SAP no tienen ningún tipo de remordimiento en sus manifestaciones de odio hacia el progenitor alienado, quien tiene la opción de, o tolerar el comportamiento del niño, o suspender el contacto.

–       Presencia de “situaciones” prestadas: el hijo describe situaciones que, por su naturaleza, son impropias de su edad y se intuye que son obra del progenitor alienante.

–       Extensión de la animosidad hacia la familia del progenitor alienado: el odio del niño puede extenderse a familiares del progenitor alienado y negarse a visitarlos.

Los criterios para identificar si un niño está sufriendo SAP según Aguilar son  (Aguilar, 2008):

–           Los menores, apoyados por la madre o el padre alienador, inician una campaña de injurias y desaprobación hacia el otro progenitor, a través de la cual expresan su rechazo, odio o temor hacia él.

–           Cuando pretenden argumentar su actitud, utilizan explicaciones tribales para justificar la campaña de desacreditación, razones que exponen fríamente, en muchas ocasiones de modo estereotipado y sin lógica.

–           El menor construye un mundo dicotómico, de bueno y malo, en el que se da una ausencia de ambivalencia hacia el progenitor  rechazado, del que no cabe esperar nada bueno y al que se considerará culpable de cualquier prejuicio que le acontezca.

–           El menor piensa que ha llegado a esta situación movido por su autonomía de pensamiento, es decir, sin influencia externa, únicamente como decisión lógica y propia tras sus experiencias vividas.

–           Si se produce cualquier ataque, venga de donde venga, hacia el progenitor al que está unido, el menor llevará a cabo una defensa del padre alienador.

–           Los menores que manifiestan este comportamiento muestran una ausencia de culpa ante los sentimientos del padre o la madre rechazado, que les permite su exploración emocional y económica.

–           En un discurso, el niño utiliza escenarios prestados en sus expresiones, que consisten en situaciones, pasajes, conversaciones y términos que expresa como propios o vividos en primera persona, aun cuando jamás hubiera estado presente cuando ocurrieron o resulten incoherentes con su edad.

–           Se produce una extensión de odio del progenitor alienado, que provoca en el niño un rechazo extensible también a la abuela, los tíos y primos de la familia del progenitor rechazado.

Míriam Armengol García

Psicóloga especialista en Psicología Jurídica y Forense Col. Núm 15179

BENEFICIOS DE LA TERAPIA COGNITIVA

Las denominadas terapias cognitivas (TC), dentro de los tratamientos psicológicos considerados rigurosos y de aceptación científica en la comunidad sanitaria, constituyen actualmente el enfoque terapéutico más utilizado en el campo de la psicoterapia.

En este sentido, la TC  centra su campo de acción en la aplicación de técnicas concretas, a partir del estudio y comprensión de los procesos y las estructuras mentales, aplicando un modelo científico a dicho estudio, y centrándose en el ámbito de la organización y significado de las experiencias que las personas realizamos a lo largo de nuestra vida.

A pesar del desarrollo experimentado por la TC durante los últimos años, la cual se ha diversificado y diferenciado de forma significativa –terapia cognitivoconductual, terapia centrada en esquemas cognitivos, terapia cognitivosocial, terapia constructivista, una de las características fundamentales que comparten todas ellas, es la de proporcionar a la persona una mejor comprensión del funcionamiento del propio pensamiento y su relación con las emociones y el comportamiento final.

Este planteamiento no ignora la interrelación entre los procesos biológicos, conductuales, relacionales, afectivos y cognitivos, más bien al contrario, considera que todos se ven afectados a partir del procesamiento de los elementos propios de la cognición humana, como son los pensamientos, las imágenes y las creencias, los cuales dotan de significado a nuestra experiencia y son susceptibles de desadaptar a la persona y generar diferentes trastornos psicológicos.

Fue el gran psicólogo clínico norteamericano Albert Ellis quien, hace ya varias décadas, con su Terapia Racional Emotiva estableció las bases de la reestructuración cognitiva como método terapéutico fundamental en la TC, a través de su conocido modelo A-B-C. Explicado de forma my resumida, en este modelo, A define el acontecimiento negativo que genera una consecuencia negativa C, pero que no es en realidad la causa de la misma, sino que la auténtica causa son las creencias, B (beliefs, en inglés), que determinan nuestra interpretación de lo sucedido, generando pensamientos automáticos que cronifican patrones A-B-C- muy erróneos y mórbidos. En consecuencia, se tratará de analizar y ahondar en tales creencias, diferenciándolas entre irracionales y racionales y tratando de sustituir las primeras por las segundas.

Aunque actualmente este modelo ha ido ampliándose y ha evolucionado en su planteamiento y aplicación con la llegada de las terapias cognitivas de tercera generación y también con el constructivismo, todavía representa la esencia de un enfoque terapéutico riguroso muy aceptado y utilizado, que ha demostrado sobradamente su eficacia en miles de pacientes con trastornos psicológicos muy diversos.

Volviendo al actual enfoque en la TC, podemos decir que lo más relevante y trascendente en nuestra organización cognitiva, parece ser el significado que atribuimos a nuestra experiencia y las creencias que éste nos genera, ya que es lo que conecta nuestros pensamientos con las emociones que acabamos experimentando y las conductas que realizamos en consecuencia, retroalimentándose y tejiendo potentes circuitos de los cuales puede ser difícil escapar. A partir de ahí es cuando podemos aplicar las citadas técnicas y procedimientos de reestructuración cognitiva, que en conjunto tienen como objetivo que una persona aprenda a reorganizar mejor la forma de procesar de su pensamiento y consecuentemente la forma de sentir y de actuar.

En este sentido y recordando a Ellis, la expresión clave son las Distorsiones Cognitivas, que consisten en patrones erróneos de pensamiento -derivados de creencias personales y de significados subjetivos aprendidos previamente-, que utilizamos en nuestra  interpretación de la realidad, y que nos acaban generando pensamientos automáticos, los cuales a su vez nos generan una elevada alteración emocional que acaba propiciando comportamientos igualmente alterados. De este modo se conforma un esquema cognitivo desadaptativo que a menudo se cronifica y origina numerosos trastornos psicológicos.

Distorsiones cognitivas como el filtraje o abstracción selectiva, la sobregeneralización, la polarización, la interpretación del pensamiento, la personalización  o la visión catastrófica, entre otras, generan múltiples interpretaciones deformadas en nosotros, que a menudo las tomamos como ciertas y nos impiden juzgar racionalmente las experiencias de cada momento contribuyendo a mantener numerosas creencias irracionales que nos determinan las emociones y la conducta final.

En definitiva pues, podemos intuir que los beneficios de la terapia cognitiva no son algo menor para cualquier persona   que quiera o necesite realizar una revisión personal de “su forma de pensar”, sino al contrario, representa toda una reeducación de las bases del propio pensamiento y, por lo tanto, en la medida en que contribuye a un mejor entendimiento de nosotros mismos, nos ayuda a sentirnos y a adaptarnos mejor a nuestro entorno, mejorando significativamente nuestro equilibrio emocional y por lo tanto nuestra calidad de vida.

Santiago Romeu Andrés

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica col. núm. 5205 COPC

El Síndrome de Alienación Parental

La infancia es la etapa más bella de la evolución hacia la madurez, en la que existe una gran vulnerabilidad que debe ser protegida. Se considera que la familia es la primera fuerza (en el tiempo y por su trascendencia) que interviene modulando las experiencias infantiles determinando conductas y participando en la personalidad progresiva, es en ella donde nos tenemos que centrar para dar explicación a las conductas y comportamientos de nuestros menores.

Sea cual fuere el miembro de la pareja (madre o padre) con quien conviva el niño se ha de garantizar la relación con ambos tras la separación; los regímenes de visitas tienen varias e importantes funciones psicológicas para el desarrollo de la infancia; las visitas protegen los derechos del menor de acceso al progenitor no custodio, al igual que los de este último; así mismo, se protege el vínculo emocional entre el niño y sus progenitores, ya que se le proporcionan modelos de rol alternativos y, por último, se permite al progenitor custodio que descanse de su responsabilidad en la crianza.

El problema surge no por el hecho de que los padres, responsablemente, decidan poner fin a su vida en común, sino cuando se hacen partícipes a sus hijos e hijas de los conflictos que ha generado la separación. Entonces los niños se ven inmersos en los problemas de los adultos, tomando partido en el conflicto, pasando a formar parte de los bloques enfrentados, y reproduciendo las disputas de los mayores. En estos casos, la opinión de los menores estará mediatizada, en mayor o menor grado, por el problema en el que están inmersos y por las presiones que están recibiendo.

En determinados casos, es fácil apreciar como el niño adquiere un papel protector del progenitor al que siente como más débil, “el perdedor o el abandonado”, ejerciendo una función defensora que no le corresponde. Esta función puede llevarle incluso a rechazar cualquier contacto con el otro progenitor, justificando su postura ante todas las instancias que le pide explicaciones, incluido el Juez.

Por otra parte, los menores envueltos en una situación de ruptura familiar conflictiva sufren una aguda sensación de shock, de miedo intenso, teñido todo ello por un sentimiento de profunda confusión, con consecuencias negativas a nivel psicoemocional y conductual.

Estos menores presentan, con frecuencia, sentimientos de abandono y culpabilidad, rechazo, impotencia e indefensión, inseguridad, así como estados de ansiedad y depresión y conductas regresivas, disruptivas y problemas escolares.

En ocasiones, los padres que se divorcian realizan comentarios denigrantes y negativos sobre el otro progenitor. Es habitual que esto ocurra alguna vez en todo divorcio, cuando el dolor y la frustración empujan más que la razón. Pero si sucede de modo continuo, nos encontramos con un intento de educar al hijo en el odio hacia el otro progenitor

. A esto lo llamamos Síndrome de Alienación Parental.

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un trastorno caracterizado por un conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos, mediante distintas estrategias, con objeto de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor, hasta hacerla contradictoria con lo que debería esperarse de su condición.

En un principio, el padre que lleva a cabo la educación en el odio realiza comentarios malintencionados sobre el otro, denigrándole e injuriándole, hasta que el menor los interioriza y expresa, por sí sólo, su rechazo a tener contacto con él. A este padre o madre le llamaremos el progenitor alienador. Junto a los comentarios, el progenitor alienador comienza a interferir en los contactos del hijo con el otro progenitor, no haciéndole llegar los regalos que le manda, interfiriendo en las llamadas telefónicas, entorpeciendo el tiempo de convivencia de ambos o alentando a que sea desobediente, desautorizándole en decisiones importantes en la vida del hijo.

Cuando esto ocurre, el niño se ve forzado a tomar partido. Unos niños suelen hacer dos mundos separados, no comentando nada de lo que ocurre en casa de uno de sus padres en la casa del otro. De este modo dice a cada uno lo que quiere oír. Otros niños aprovechan temporalmente la falta de comunicación para sacar partido de la situación; pero, tanto unos como otros, tarde o temprano se ven forzados a tomar partido por el bando más agresivo.

Al principio suelen reproducir los reproches que el padre alienador ha realizado. De este modo, el progenitor rechazado contempla perplejo cómo su hijo hace comentarios que ya ha escuchado en boca de su ex pareja.

Después, el niño comienza a sentirse incómodo cuando tiene que ir a casa del padre rechazado, pone cualquier excusa, disminuye la comunicación y, cuando éste le pregunta responde de modo agresivo al considerar que se está entrometiendo en su vida.

Finalmente, el menor es el que lleva a cabo la campaña de rechazo e injurias, afirmando que es él el que, de modo autónomo, ha llegado a esa postura. Mientras, el progenitor alienador, que inició la educación en el odio hacia el otro, afirma que él no puede hacer nada para convencer a su hijo, y que es éste el que ha decidido, por sí mismo, no tener contacto con el otro padre. A eso lo llamamos un falso conciliador.

Es entonces cuando el niño deja de ser arma arrojadiza y se convierte en infantería, rechazando tanto al progenitor, como a sus abuelos, tíos, primos o cualquier persona relacionada con esa rama familiar.

La recomendación fundamental para el progenitor rechazado es evitar que se rompa el vínculo. Por breve que sea el tiempo que pasa con su hijo siempre es mejor que no compartir nada. Mientras mantenga el vínculo hay una puerta abierta al diálogo.

–       Rehusar pasar las llamadas telefónicas a los hijosLos comportamientos y estrategias que el progenitor alienante pone en juego suelen ser sutiles, a continuación se resumen algunos de los más frecuentemente encontrados:

–       Organizar varias actividades con los hijos durante el período que el otro progenitor deber normalmente ejercer su derecho de visita

–       Presentar al nuevo cónyuge a los hijos como su nueva madre o su nuevo padre

–       Interceptar el correo y los paquetes mandados a los hijos

–       Desvalorizar e insultar al otro progenitor delante de los hijos

–       Rehusar informar al otro progenitor a propósito de las actividades en las cuales están implicados los hijos (partidos deportivos, actuaciones teatrales, actividades escolares…)

–       Hablar de manera descortés del nuevo cónyuge del otro progenitor

–       Impedir al otro progenitor el ejercer su derecho de visita

–       “Olvidarse” de avisar al otro progenitor de citas importantes (dentista, médico, psicólogo,…)

–       Implicar a su entorno (su madre, su nuevo cónyuge…) en el lavado de cerebro de los hijos

–       Tomar decisiones importantes a propósito de los hijos sin consultar al otro progenitor (elección de la religión, elección de la escuela).

–       Cambiar (o intentar cambiar) sus apellidos o sus nombres

–       Impedir al otro progenitor el acceso a los expedientes escolares y médicos de sus hijos

–       Irse de vacaciones sin los hijos y dejarlos con otra persona, aunque el otro progenitor esté disponible y voluntario para ocuparse de ellos

–       Contar a los hijos que la ropa que el otro progenitor les ha comprado es fea y prohibir ponérsela

–       Amenazar con castigo a los hijos si se atreven a llamar, a escribir o a contactar con el otro progenitor de la manera que sea

–       Reprochar al otro progenitor el mal comportamiento de los hijos.

Si bien es cierto que para realizar una campaña de desacreditación respecto al progenitor alienado, el alienador debe ser consciente de los actos que realiza, también es cierto que a menudo, este no es plenamente consciente de que está produciendo un daño psicológico y emocional en sus hijos/as, y de las consecuencias que ello va a tener a corto y largo plazo en el o la menor.

Es posible identificar diferentes niveles de intensidad en el rechazo que muestran los niños y niñas afectados por el SAP: rechazo leve, moderado e intenso:

–       El rechazo leve se caracteriza por la expresión de algunos signos de desagrado en la relación con el padre o la madre. No hay evitación y la relación no se interrumpe.

–       El rechazo moderado se caracteriza por la expresión de un deseo de no ver al padre o la madre acompañado de una búsqueda de aspectos negativos del progenitor rechazado que justifique su deseo. Niega todo afecto hacia él y evita su presencia. El rechazo se generaliza a su entorno familiar y social. La relación se mantiene por obligación o se interrumpe.

–       El rechazo intenso supone un afianzamiento cognitivo de los argumentos que lo sustentan. El niño se los cree y muestra ansiedad intensa en presencia del progenitor rechazado. El rechazo adquiere características fóbicas con fuertes mecanismos de evitación. Puede aparecer sintomatología psicosomática asociada.

El rechazo puede aparecer inmediatamente después de la ruptura o en periodos posteriores que pueden alcanzar varios años después, generalmente asociados a momentos concretos del nuevo ciclo evolutivo familiar. De esta manera se distinguen, siguiendo a diferentes autores, dos tipos de rechazo en función del momento en que aparecen: primario y secundario, que configuran una dinámica relacional.

Este artículo nos introduce al Síndrome de la Alienación Parental y nos invita a reflexionar sobre las posibles consecuencias que puede tener en el menor. En una próxima entrada en el blog se analizaran dichas consecuencias.

Míriam Armengol García

Psicóloga especialista en Psicología Jurídica y Forense Col. Núm 15179

Los niños prematuros pueden tener problemas de lenguaje

Sumada a todas las complicaciones ya conocidas por las que debe atravesar un bebé prematuro, es decir, un niño que nació con menos de 37 semanas de gestación, ahora se conoce que estos pequeños podrían manifestar en su desarrollo grandes problemas de lenguaje, comparados a aquellos niños que tienen la suerte de nacer a término.

 

 

Esto se pudo conocer gracias a un nuevo estudio llevado a cabo por la Academia Estadunidense de Pediatría. Todo el proyecto estuvo a cargo de Inge L.van Noort-van der Spek, quien por el momento declaró que si bien se conocen las posibilidades no se sabe aún si esos problemas de lenguaje pueden disminuir, empeorar o mantenerse estable a lo largo del tiempo y de su vida.

Según los datos que emite la World Health Organization, hay un total de 13 millones de bebés en el mundo que nacen de forma prematura cada año, y que como prematuros tienen serias posibilidades de desarrollar discapacidades importantes tales como retraso mental, parálisis cerebral, disfunciones visuales y auditivas graves, o trastornos de aprendizaje y como sabemos ahora, de lenguaje.

Para desarrollar la investigación se trabajó con una base de datos de estudios publicados entre el período comprendido por enero de 1995 y marzo del 2011, realizados en base a las funciones del lenguaje en niños nacidos antes de tiempo. La idea original era la de determinar cuál es el curso de desarrollo de las funciones del habla en esos niños nacidos de manera prematura, comparados a los niños nacidos con un tiempo promedio de gestación.
Se realizaron comparativas y las diferencias entre ambos grupos demostraron que se hacían más evidentes sobre todo hacia las edades entre los 3 y los 12 años. Los investigadores comentaron la importancia de realizar una detección oportuna de este tipo de problemas en los niños y realizar, una intervención a tiempo para tratar los problemas de llenguatge en esta creciente y vulnerable población de niños prematuros, ya que de esa manera solamente se pueden prevenir problemas emocionales y sociales, déficits de aprendizaje, problemas de conducta y de desarrollo personal, pudiendo llegar a evitar la necesidad de educación especial.
Concretamente, los bebés prematuros van encontrando serias dificultades con la función de un lenguaje complejo a medida que van creciendo, por lo que es necesario tener en cuenta esa posibilidad en el seguimiento médico del desarrollo de este tipo de niños.

 

Para saber más sobre el tema podéis visitar el siguiente enlace:

http://www.sap.org.ar/docs/congresos/2010/neo/martineztrastornos.pdf

 

Laia Escobar

Logopeda Infantil y Neurologopeda CLC, núm. 083636

 

PÉRDIDAS DE MEMORIA, ¿CUÁNDO PREOCUPARSE?

¿Quien, en alguna ocasión, no se ha olvidado de qué iba a buscar en otra habitación, no recordaba donde dejó el coche aparcado, no ha conseguido recordar el nombre de alguien que le acaban de presentar, o no encuentra la palabra justa que quiere decir?

Los fallos en la memoria de este tipo de carácter puntual son habituales a cualquier edad. Y además se pueden intensificar por diversos factores: ansiedad, cansancio, estrés, depresión…

¿Cuándo nos tenemos que preocupar? ¿Si ya somos mayores podríamos estar en la antesala de una demencia cómo la enfermedad de Alzheimer?

Cuando añadimos la variable edad debemos considerar que en el envejecimiento normal ocurre un declive de la memoria y otras funciones cognitivas. Este declive cognitivo asociado a la edad no es global (hay funciones que decaen y otras que no), así cómo no es igual en todas las personas. Además, problemas médicos habituales en la gente mayor, como por ejemplo la hipertensión o la diabetes, pueden también estar implicados en el rendimiento cognitivo de la persona.

Diferenciar cuando se trata de uno olvido “normal” y cuando se trata de una condición patológica a menudo no es una tarea fácil. Además puede ser difícil diferenciar entre el deterioro asociado a la edad, el deterioro cognitivo leve (que no necesariamente será el primer paso de una demencia) y un estadio inicial de demencia.

A pesar de las dificultades expuestas, vamos a detallar algunas características que pueden ayudar a valorar si los olvidos pueden ser preocupantes y debemos consultar a un especialista:

– Los olvidos interfieren significativamente en la ejecución de nuestras actividades diarias de forma satisfactoria e incluso ponen en peligro nuestra integridad.

– Se olvidan cosas relevantes y normalmente próximas en el tiempo, cómo ir a recoger a los nietos cuando es una actividad diaria, o no recordar una conversación mantenida el día anterior.

– Los olvidos son muy frecuentes y se olvidan las mismas cosas repetidamente.

– Existe un cambio significativo en a la capacidad cognitiva actual de la persona comparada a cómo era unos meses o años atrás.

– La persona no es consciente de sus fallos de memoria o le resta importancia. Y por lo contrario los familiares y amigos muestran preocupación por estos fallos. En cambio el olvido benigno molesta mucho a quien lo padece, pero no a su familia, ya que el entorno le da la importancia que verdaderamente tiene.

– Si la persona repite o pregunta reiteradamente cosas, y si se desorienta en espacios y lugares de recorrido habitual o bien conocidos.

Consultar a un especialista para hacer una valoración exhaustiva de las funciones cognitivas y su repercusión a nivel funcional y emocional nos puede ayudar a evitar inquietudes innecesarias y también para iniciar, si fuera necesario, el tratamiento adecuado y ayudarnos a tomar decisiones para enfrentarse a una posible enfermedad. Un primer paso para esta valoración es la exploración neuropsicológica, donde el paciente se somete a tests de memoria y también se evalúan otras funciones cognitivas, como pueden ser la flexibilidad mental, la capacidad de inhibición y la orientación en el espacio.

 

Núria Bayarri Gordi

Psicóloga Sanitaria y Experta en Neuropsicología Clínica.  Col.16994

TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO, MÁS ALLÁ DE LAS MANÍAS

TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO, MÁS ALLÁ DE LAS MANÍAS

Trastorno obsesivo-compulsivo, más allá de las manías

El trastorno obsesivo-compulsivo, conocido también por las siglas TOC, es el 4º trastorno psiquiátrico más común entre la población. Se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones que causan intenso malestar psicológico e interfieren de forma significativa en la vida de quien lo padece. El TOC es un tipo de trastorno de ansiedad.

             Una obsesión es una idea, pensamiento o imagen repetitiva que la persona considera intrusiva, involuntaria e inapropiada y que causa temor, ansiedad o malestar importante. Por lo tanto, no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real.

La persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente e intenta ignorarlos, suprimirlos o bien neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos (rituales o compulsiones).

Una compulsión es un comportamiento o un acto mental de carácter recurrente que la persona realiza de manera voluntaria en respuesta a una obsesión y con el objetivo de prevenir o reducir el malestar producido por ella. Estos comportamientos o actos mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir, o bien resultan claramente excesivos.

Obsesiones

  • Temor a contaminarse
  • Temor a causar daños a otros o a que le pase algo a los padres, familia…
  • Ideas agresivas o de contenido sexual
  • Escrupulosidad /religiosidad excesiva
  • Pensamientos prohibidos
  • Necesidad de simetría
  • Necesidad de decir o confesar

Compulsiones

  • Lavarse
  • Repetir una acción hasta hacerla ‘bien’
  • Asegurarse de haber cerrado la puerta, de haber cerrado el agua…
  • Tocar
  • Contar objetos o hasta un determinado número
  • Ordenar
  • Acumular (no poder tirar nada)
  • Rezar

Todos tenemos manías, preocupaciones o pensamientos repetidos. Comprobar que hemos cerrado la puerta, apagado el gas, cerrado el grifo, sentarnos en los mismos lugares en una reunión, mantener un cierto orden en determinadas cosas, coleccionar objetos inútiles, volver a casa siempre por las mismas calles…

El problema surge cuando esos pensamientos se convierten en obsesivos; la persona no puede controlarlos, pierde la libertad y aunque es consciente de lo absurdo e irracional de sus pensamientos, actúa de una forma compulsiva realizando continuos rituales y comprobaciones para sentirse bien. Se trata de un Trastorno

Obsesivo Compulsivo o TOC.

Para muchas personas esos pensamientos obsesivos o tormentosos constituyen un verdadero problema ya que genera mucha ansiedad, dificulta o incapacita para realizar una vida normal e incluso puede desencadenar una depresión.

Algunos ejemplos de estas situaciones serían los siguientes:

“No podía hacer algo sin un ritual. Estos rituales trascendían a todos los aspectos de mi vida. Cuando ponía mi despertador, tenía que hacerlo en un número que no sumara un “mal” número. No podía hablar de la muerte porque me preocupaba que algo malo le sucediera a mis padres.”

índice“A Manuel le preocupa cada vez más el tema de la limpieza. A menudo le invade la idea de que tiene las manos sucias y que debería lavárselas. Se las ha llegado a lavar más de treinta veces al día, llegando incluso a presentar descamación de la piel. Pero esa sensación de suciedad se empieza a extender; siente repulsión a  saludar a algunos clientes del trabajo. Así que “selecciona” a la gente a la que da la mano. Desde hace nos días, le ha asaltado la idea de que los zapatos que lleva a trabajar “ensucian” el piso donde vive. Posteriormente, ha ocurrido lo mismo con la ropa y se cambia cada vez que entra en casa. A pesar de que se da cuenta de que sus temores son exagerados, que las “cosas sucias” van cada vez aumentando más,  Manuel no es capaz de evitar este temor ni ese pensamiento”.

 Es muy importante diagnosticar y tratar el TOC correctamente porque los pacientes ven a tres a cuatro doctores y pasan varios años buscando un tratamiento adecuado antes de recibir un diagnóstico correcto. Las personas pueden estar calladas sobre sus síntomas porque les da miedo o vergüenza confesarlos, porque minimizan su importancia o porque han vivido tanto tiempo con ellos que se han acostumbrado a sobrellevarlos. El diagnóstico temprano y el tratamiento apropiado, pueden ayudar a las personas a evitar el sufrimiento que esta enfermedad provoca, así como a disminuir el tiempo perdido por los síntomas y el deterioro general del funcionamiento. No hay ninguna prueba de laboratorio que pueda diagnosticar el TOC. El diagnóstico se hace a través de la historia clínica y de cuestionarios específicos para los síntomas

        El diagnóstico adecuado puede prevenir la aparición de otras complicaciones

  • Problemas familiares y de pareja
  • Fracaso laboral o escolar:
  • Síntomas depresivos: suelen asociarse a este trastorno y deteriorar aún más el funcionamiento personal.
  • El abuso de alcohol, drogas y fármacos sedantes
  • Aparición de conductas de evitación: las personas con pensamientos obsesivos pueden evitar progresivamente las situaciones que les provocan angustia

 La medida que se ha mostrado mas efectiva en el tratamiento del TOC es la combinación del tratamiento farmacológico con la psicoterapia. El primer fármaco aprobado para su uso en el TOC fue el antidepresivo tricíclico clomipramina. Los fármacos considerados actualmente de primera elección son los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): fluoxetina, paroxetina, fluvoxamina y más recientemente citalopram. El tratamiento farmacológico del TOC suele ser crónico, con altas dosis de antidepresivos y un tiempo de latencia prolongado. Se suele iniciar el tratamiento con monoterapia ya que se evitan los efectos de las interacciones medicamentosas aunque si no se consigue una respuesta favorable hay que asociar varios fármacos antidepresivos y/o ansiolíticos.

 

Jorge Cuevas Esteban

Médico Especialista en Psiquiatría. Col. 08-45666

 

Normas y límites desde la asertividad

En líneas generales la mayoría de las personas sentimos cierta resistencia a las normas cuando éstas nos son impuestas. No es de extrañar pues, que nuestros niños y adolescentes tengan dificultades para seguir las normas o los límites que los adultos queremos imponer. ¿Debemos imponer las normas? ¿Debemos recurrir al “porque sí”, ” porque lo digo yo ” cuando no obtenemos la respuesta que queremos de nuestros niños ?…

Es sabido que cuando la gente participa activamente en una decisión o en una norma que les afecta, la motivación para cumplirla es mayor. Los adultos debemos guiar este proceso y llegar a acuerdos justo para nosotros y para los niños. No debemos confundir esto con dejar que el niño imponga su voluntad. A continuación, se darán una serie de pautas para el establecimiento de normas y límites a nuestros niños y adolescentes desde la asertividad:

–          Las normas deben tener una razón de ser y siempre deben acompañarse de una explicación lo más clara posible. Después de dar la explicación debemos asegurarnos de que ésta se ha entendido. Lo podemos hacer preguntando: ¿qué se debe hacer? ¿Qué no se debe hacer? O el porqué tenemos que hacerlo así.

–          A partir de los 4-5 años es posible dialogar con los niños y pactar algunas normas y límites siempre adaptados a su edad. Lo importante es, a cualquier edad, hacerles partícipes del establecimiento de normas. Esto los hace sentir útiles, importantes y trabajamos también la capacidad y habilidad para tomar decisiones.

–          Es importante saber elegir el momento para hablar del establecimiento de normas y límites. No es un buen momento, cuando ha habido alguna discusión, cuando el adulto o niño están nerviosos… Hay que buscar un momento de pausa y donde se pueda poner toda la atención en el tema.

–          Debemos tener en cuenta que las normas no deben ser excesivas. El niño también debe crecer en un ambiente relajado y donde no prima la rigidez o donde todo está prohibido.

–          El refuerzo positivo es clave si queremos una continuidad en el cumplimiento de las normas. Debemos valorar positivamente el comportamiento, actitud y conducta que el niño hace siguiendo las premisas que se han negociado y acordado de forma conjunta.

–          La asertividad debe ser el estilo comunicativo y la herramienta útil que nos ayude en todo este proceso. Ser asertivo implica una forma de expresión consciente, directa, coherente y firme para comunicar nuestras ideas y sentimientos. Implica no herir al otro, tener una escucha activa ante nuestros niños; mostrar interés, dedicarles tiempo, dejar que se expliquen y evitar reproches. En lugar de reproches o gritos debemos aprender a utilizar los ‘mensajes yo’, es decir, expresar lo siguiente: ” Cuando tú haces / dices …………. YO ME SIENTO…… En cambio, me gustaría que hicieras / dijeras …….. “. Los ‘mensajes yo ‘ son muy importantes porque hace que expresemos el sentimiento que nos provoca una conducta, y no nos centremos en lo que hace el otro, no acusamos. De esta forma, sin provocaciones, las probabilidades de enfrentamiento y discusión son mucho menores.

–          Si a pesar de ello, la conducta que queremos controlar, la norma o límite a establecer, no se cumple como esperábamos deberemos preguntarnos si éste se ha planteado de la forma correcta. ¿El niño sabe el porqué de esta norma? ¿Le hemos hecho partícipe de su establecimiento? ¿Tiene nuestra atención, ayuda y apoyo cuando la requiere?…

 

Es cierto también, que algunos niños y adolescentes pueden tener dificultades en la regulación del comportamiento y la conducta que vayan más allá de lo esperado por desarrollo o por edad. En esta situación, la consulta a un especialista sería indicada; para dar pautas más específicas y para descartar trastornos asociados a la sintomatología presentada.

 

Elisabet Portavella Jovés

Psicóloga Infanto-Juvenil Col.19608

El bienestar nutricional: determinante para el bienestar general

Disfrutar de un buen estado de salud no es simplemente la ausencia de enfermedad, sino el bienestar físico, mental y social. Este bienestar viene determinado por varios factores como son: la biología humana, el medio ambiente y el estilo de vida. Hace falta pues, tener una visión amplia de la salud para entender y poder tratar a cada persona desde los diferentes ámbitos: biológico, psicológico y social.
La alimentación forma parte del estilo de vida de las personas, y consiste en obtener del entorno productos ya sean procesados o no, los alimentos. Una vez se han ingerido estos productos, el organismo empieza un proceso involuntario donde los alimentos se transforman en nutrientes y se incorporan a las estructuras fisiológicas del organismo. Esta asimilación de nutrientes, la nutrición, determinará el estado estructural, energético y también anímico del individuo.

Una malnutrición sostenida en un tiempo más o menos largo, conlleva la aparición de disfunciones o patologías tales como: diabetes Mellitus tipo 2, hipertensión arterial, obesidad, anemia, alteraciones hormonales, síndrome metabólico, alteraciones del estado de ánimo, etc. Es decir, provoca una mala salud.
Para entender cómo prevenir o curar la malnutrició, es necesario comprender lo que la provoca. Puede estar causada a grandes rasgos por dos factores; por la mala alimentación del individuo, consecuencia del desconocimiento, de la comodidad, del estrés, de disfunciones anímicas o psicológicas, etc. O viene puede existir alguna disfunción fisiológica tales como intolerancias, alergias, diabetes Mellitus tipo I, etc., que provoquen una mala digestión y / o asimilación de nutrientes.
Sea cual sea la causa de la malnutrición, desde la nutrición y la dietética, hay que valorar qué es y qué conlleva, para elaborar un tratamiento dietético. Este tendrá el objetivo de enseñar a utilizar los alimentos adecuados para cada individuo y así llegar a tener un buen estado nutricional, que será determinante para tener una buena salud.

 

Laura Labernia Peralejo
Licenciada en Ciencia y Tecnología de los alimentos.
Diplomada en Nutrición Humana y Dietética