Viajar

Es bien conocido entre la comunidad psicológica, que cuando llegan los primeros calores veraniegos suele observarse un repunte de personas que experimentan ansiedad, solicitando en muchos casos ayuda profesional para disminuir síntomas como taquicardia, cansancio e irritabilidad. Desde un punto de vista de funcionamiento cerebral, éste es un proceso neuropsicológico normal, en el sentido que cuando aumenta la temperatura el cerebro se hiperactiva, y esta aceleración nos lleva a un estado de irritabilidad más elevado. Ello no constituye ningún problema y suele ser algo muy acotado en el tiempo. Un tema distinto es cuando en los primeros días vacacionales algunas personas sufren síntomas verdaderamente ansiosos, con alteración emocional e insomnio, pudiendo desembocar en un estado de estrés clínico o incluso de depresión vacacional. Para  preveniros de estos síntomas indeseables y que podáis disfrutar merecidamente de unas vacaciones sanas y reparadoras, os damos a continuación unos consejos y directrices que os pueden ser de utilidad.

Sé progresivo, no empieces a tope.

Durante los primeros días de descanso es cuando más se nota el cambio de ritmo con respecto a la rutina laboral. En este sentido es importante permitirse unos días de cambio de ritmo “a menos”, sin demasiadas actividades ni obligaciones en la agenda estival.

Planifica tus vacaciones con tiempo.  

Pocas cosas hay más frustrantes que sufrir las consecuencias de una mala planificación de nuestro periodo vacacional, ya que ello nos obligará a ir resolviendo temas e imprevistos que inevitablemente, nos mantendrán en un estado de alerta continuado y nos generarán estrés y malestar. Lo mejor es hacer un buen planteamiento inicial y, a partir de aquí, dejarnos llevar por lo que nos depare el día a día.

Expectativas vacacionales realistas.

Hay un principio psicológico cognitivo que más o  menos nos dice que “nada mejor para frustrarnos que ponernos grandes expectativas no realistas”. Esta es una gran verdad, y las legítimas ilusiones de pasar unas buenas vacaciones no escapan a este principio. Lo aconsejable es priorizar bien nuestras necesidades de descanso en función de nuestras posibilidades, y a partir de ahí, trazar un plan vacacional factible y, a poder ser, que conlleve poco esfuerzo real. De lo contrario, corremos el riesgo de padecer algo parecido al conocido Síndrome de París. Aunque concretamente se trata de un trastorno psicológico ansioso transitorio que sufren algunos turistas japoneses cuando visitan esta ciudad –por la decepción entre la idealización de esta capital y la experiencia real in situ-, en realidad cualquier turista puede notar síntomas parecidos cuando visita un lugar no conocido con grandes expectativas iniciales, y acaba sufriendo una fuerte decepción e inquietud cuando está visitando este mismo lugar.

Trabajo en Vacaciones

Da importancia al momento presente.

Durante las vacaciones a menudo queremos “conocerlo y hacerlo todo”, y acabamos comprimiendo y encadenando actividades de forma continuada, hasta agotarnos y estresarnos sin remedio. Es mucho mejor bajar el ritmo y paladear cada momento con plena consciencia de la experiencia que estamos viviendo, aunque ello signifique “no llegar a todo”.

Sé un poco egocéntrico.

Aunque pueda parecer malsonante, se trata de un consejo necesario cuando se entiende lo que significa. Lo que realmente quiere decir es que toda persona tiene el derecho y el deber de “regalarse” momentos de ocio y descanso, y más cuando está de vacaciones. Ello no debe ser incompatible con atender, organizar y cuidar a otros durante este periodo de descanso, sino que debemos intentar combinarlo con normalidad. En otras palabras, la generosidad y el amor por las personas con las que compartimos nuestro tiempo libre no debe excluir a uno mismo. En caso contrario, algunas personas pueden llegar a afirmar que “las vacaciones los deprimen”, o bien tienen problemas vacacionales de pareja o de familia. En cualquier caso y como apunte final, deciros que lo más importante para disfrutar de unas buenas vacaciones y no sufrir molestos síntomas de ansiedad o de alteración emocional es, más allá de los consejos apuntados anteriormente, que aceptemos la inevitable imperfección de toda acción humana y, por consiguiente, que no renunciemos a pasarlo bien a pesar de todos aquellos imprevistos, frustraciones y dificultades que nos depare nuestro merecido descanso estival.